Escenarios de novela XVII. Lugares de ficción de La biblioteca de Vaccaro

Para cerrar esta serie de escenarios de novela de La biblioteca de Vaccaro, os dejo este último artículo que trata de aquellos escenarios ficticios; los que solo existen en esta ficción y que se han adecuado a los requisitos de las escenas que los contienen.
El primero de ellos es la casa de Vaccaro. Este edificio, en el que se desarrolla gran parte de la novela, a caballo entre castillo, mansión y bunker, debe estar impregnado del misterio que envuelve la figura del mago Vaccaro, con pasadizos ocultos, oscuridad, aislado y alejado del mundo. Una imagen fidedigna de la extraña personalidad de Vaccaro.
El segundo es el bar de Civita di Bagnoregio. El motivo no ha sido otro que mi falta de memoria sobre su existencia. Los recuerdos de mis visitas a la Citta che muore me dicen que había algún restaurante en la ciudad, pero nunca visité ninguno de ellos, por lo que no he tenido más remedio que inventarlo.
El tercero es el hotel de Roma, el motivo es idéntico al anterior, nunca me he hospedado en un hotel de la ciudad eterna, tenía mi propia casa. Así que si os han quedado ganas de hospedaros en ese fantástico lugar, lleno de lujo y vistas de impresión siento deciros que será imposible.
El cuarto es la casa de Máximo, creo que no necesita explicación, todo lo que gira alrededor de Máximo es pura invención.
El quinto es el orfanato, otro lugar que no existe, al igual que la plaza en la que se encuentra. Si existiera alguna ubicación real sería en Lombardía, pero toda la descripción de la fachada y el interior se ha gestado en mi mente.
Y por último la casa de Angela en Civita di Bagnoreggio, el único de todos los descritos que tiene parte de ficción y parte de realidad, tuve que adecuarlo a la novela. Es cierto que, por lo menos cuando yo estuve allí, había una señora de edad avanzada, vestida de riguroso negro y taciturna que se ganaba unos céntimos mostrando su jardín repleto de antigüedades y objetos camino de serlo, pues no eran más que cacharros viejos y oxidados, desde el que se podía observar el gran precipicio sobre el que reposaba y las montañas que lo circundaban. El interior de la casa como algunas de las estancias que se acceden desde el jardín son inventadas. Quizá esta sea el único escenario que hoy en día se pueda contemplar, si es que aquella señora misteriosa sigue ofreciendo su entrada, una señora que aún llevo en mis recuerdos.
¡Abrazotes!






