Escenarios de novela XIX. El Paseo del Cauce en Valladolid (El palimpsesto del templario)

Hoy toca el turno de Valladolid, uno de los escenarios de novela de «El palimpsesto del templario» y más concretamente el Paseo del Cauce que sigue el transcurso del río Esgueva hasta desembocar en el Pisuerga.
En la novela, Antonio, uno de los protagonistas da una conferencia en la Facultad de Filosofía y Letras.
Durante mi periodo universitario, con el frío de invierno o el sol plomizo en verano, he recorrido incontables veces este paseo bajo los árboles, con cara de sueño y la carpeta y los libros bajo el brazo.
Todo ha cambiado desde el 1994, año en que lo conocí. En aquella época, recuerdo la canalización de hormigón gris, como una trinchera infranqueable por la que cruzábamos por pasos provisionales entre puntales, ladrillos y maderas. El río, riachuelo en épocas secas, pero bien cargado en las de lluvias, parecía un colector de residuos de la ciudad del que era mejor alejarse. En aquella época, no había caminos, ni paseos en su entorno, ni zonas verdes; en las orillas se acumulaba la maleza. Salvo por algunos edificios de la universidad, como ingeniería industrial o económicas, se trataba de un descampado sin urbanizar, donde más allá los solares, las grandes fincas y terrenos ocupaban el espacio.
Poco a poco su estampa fue cambiando, las obras continuaron y fueron modelando el paisaje, más escuelas y facultades se fueron uniendo al Campus Miguel Delibes, con edificios modernos y vanguardias. La canalización del río y su recuperación ambiental, los parques, los carriles de bicicletas, los puentes de peatones y pasarelas de madera, los senderos ajardinados han dado a este lugar una imagen de modernidad y verde.
La presencia de la universidad se hace notar, sobre todo en las horas de apertura y cierre de los edificios en los que grupillos de estudiantes llegan a pie desde los barrios vecinos. Su césped sirve de lecho para los estudiantes que buscan un respiro entre las horas de lecciones y bibliotecas o como no, a alguna que otra parejita que ha surgido entre las aulas.
Suspiro mientras escribo estas letras, aún recuerdo las horas y horas que pase entre el edificio de Industriales, el de económicas y el aulario y la gente que conocí en mis años de universidad, ¡qué agradables momentos!
Abrazotes





